El Observatorio constituye una buena práctica docente porque integra de manera efectiva la investigación con la formación profesional y la intervención social.
A través de la participación en el Observatorio, el estudiantado participa activamente en procesos de investigación aplicada, diagnósticos territoriales y actividades comunitarias, lo que les permite desarrollar competencias teóricas, metodológicas y analíticas en contextos reales.
“Lograr esa amalgama entre investigación, docencia universitaria, práctica profesional y trabajo territorial es algo muy complejo, pero cuando se logra, el aprendizaje para los estudiantes se vuelve mucho más significativo.” (Claudio Díaz)Además, el proyecto se articula con actividades curriculares formales, especialmente con las asignaturas vinculadas a la investigación, práctica profesional y al desarrollo territorial. Esto permite que el conocimiento generado en el territorio regrese al aula y se integre en el proceso formativo.
“Cuando los/as académicos/as investigan en los territorios y luego llevan esas experiencias al aula, el aprendizaje cambia completamente. Los/as estudiantes reconocen esas realidades y el impacto es mucho mayor.” (Claudio Díaz)La práctica también fortalece la formación en investigación social, una línea estratégica de la carrera de Trabajo Social de la universidad, donde el estudiantado desarrolla habilidades en metodologías cuantitativas, cualitativas y participativas.
Observatorio promueve un aprendizaje transformador al permitir que el estudiantado experimente directamente las desigualdades y las violencias en el territorio, confrontando sus marcos epistemológicos y teóricos con realidades concretas.
A través del trabajo en terreno, el estudiantado identifica cómo se expresan las violencias de género en la vida cotidiana y cómo estas son percibidas, normalizadas o enfrentadas por las comunidades. Esta experiencia genera procesos de reflexión crítica que transforman la manera en que comprenden las problemáticas sociales.
“Nuestros/as estudiantes se forman trabajadores/as sociales de manera profesional y disciplinar articulando investigación e intervención social, y eso les permite comprender mejor las realidades para promover la transformación social.” (Karen Olivares)Además, el contacto con actores institucionales y comunitarios permite comprender la complejidad de las respuestas institucionales frente a la violencia de género y las dificultades existentes en las rutas críticas de atención.
Las metodologías utilizadas en el Observatorio buscan construir conocimiento situado sobre las desigualdades de género en el territorio. Así, la construcción de nuevos relatos y narraciones territoriales se basan en la Investigación Acción Participativa, promoviendo la participación y reflexión (Risler y Ares, 2013; Barragán y Amador, 2014; Diez Tetamanti, 2018; Suarez, 2017; Carballeda, 2017).
Entre las principales técnicas de investigación participativas destacan:
- Cartografías sociales: permiten construir conocimiento integral de un territorio, utilizando instrumentos técnicos y vivenciales. Este proceso participativo involucra a comunidades para crear representaciones visuales colectivas que reflejan saberes, experiencias y realidades sociales.
- Recorridos comentados: ayudan a observar dinámicas espaciales y sociales vinculadas a la violencia o a la desigualdad mediante una construcción de significados en movimiento, autoguiadas y participativas a través del dialogo.
- Entrevistas callejeras: permiten recoger percepciones cotidianas, representaciones, desentrañar discursos y construir significados sobre género, violencia y convivencia social a razón del uso del espacio público.
Los resultados se sistematizan posteriormente en dossiers elaborados por estudiantes, que integran análisis teóricos, registros visuales y conclusiones del proceso que se construye colectivamente.
Una característica central de la experiencia es que el conocimiento producido no se queda en la universidad, sino que se comparte con las comunidades (“para que las personas puedan revisarlo, corregirlo o complementar lo que se haya interpretado” (Karen Olivares)), evitando el fenómeno de extractivismo académico.
Los resultados de las cartografías y diagnósticos se devuelven a los territorios mediante presentaciones y espacios de discusión comunitaria. En estos encuentros, las personas participantes pueden corregir, ampliar o reinterpretar la información generada. Este proceso permite validar colectivamente los resultados y evita la estigmatización de los territorios, promoviendo en cambio la construcción de saberes colaborativos.
Una buena práctica que se ha instalado relacionada con el objeto de acercar la comunidad a la universidad, es un seminario abierto anual que se realiza en las dependencias de la institución, para exponer los principales resultados del año elaborados por el Observatorio y los otros programas desarrollados en el centro de investigación e intervención CEDERE, donde se reúnen no solo representantes del mundo académico, sino también agentes claves que fueron parte de los programas desarrollados.
Encargadas/os: Dra. ©Karen Olivares Peña (kolivares@ucm.cl) y Dr. Claudio Díaz Herrera (cdiaz@ucm.cl)
Institución: Universidad Católica del Maule, Chile
Área disciplinar: Trabajo social